El burro catalán (en catalán: Ase Català o Ruc Català) es una raza de burro doméstico de gran tamaño originaria de la región histórica de Cataluña, que abarca actualmente el noreste de España y el suroeste de Francia. Aproximadamente el 80% de la población de la raza se encuentra en la comunidad autónoma de Cataluña y el 20% restante en la región histórica de Roussillon, Francia.

Historia y Origen
La raza catalana se considera muy antigua. Plinio el Viejo ya mencionaba la existencia de burros en la llanura de Vic, en la comarca de Osona. Se cree que esta raza podría estar emparentada con el burro mallorquín y el zamorano-leonés.
Su origen se sitúa en las cuencas de los ríos Cardener, Segre y Ter. El primer libro genealógico se estableció entre 1880 y 1929. Aunque la población disminuyó durante la Guerra Civil Española, se recuperó en la década siguiente. Sin embargo, en los años 60 y 70, la despoblación rural y la mecanización de la agricultura provocaron un nuevo declive.
En 1978 se fundó la Associació pel Foment de la Raça Asinina Catalana para rescatar la raza. Gran parte del mérito de la recuperación se atribuye a Joan Gassó i Salvans, de la comarca del Berguedà. Para finales de 2013, la población en España era de 851 ejemplares; para 2024, esta cifra ascendió a 961, aunque el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente lo clasificó en 2020 como una raza "en peligro de extinción".

Características Físicas
El burro catalán es un animal de gran tamaño. Sus características principales incluyen:
- Peso: Generalmente oscila entre los 350 y 450 kg.
- Altura: Los machos (jacks) miden entre 145 y 160 cm en la cruz, mientras que las hembras (jennies) suelen medir unos 10 cm menos.
Usos y Aplicaciones Actuales
Tradicionalmente, el burro catalán se utilizaba principalmente como semental para la producción de mulas. Con la llegada de la mecanización agrícola, esta demanda cayó drásticamente.
En el siglo XXI, sus usos han evolucionado hacia actividades más diversas:
- Turismo recreativo: Paseos y actividades ecoturísticas.
- Gestión de la vegetación: Limpieza de matorrales en bosques para reducir el riesgo de incendios forestales.
- Animal de compañía: Como mascota y animal de apoyo emocional.
- Patrimonio cultural: Como símbolo de la identidad y el patrimonio rural de la región.
Además, algunos defensores del nacionalismo catalán han adoptado al burro como una respuesta satírica a la imagen del Toro de Osborne presente en otras partes de España.
