La corteza retrosplenial (CRS) es una región cortical del cerebro que comprende las áreas 29 y 30 de Brodmann. Se clasifica como una corteza de asociación secundaria, lo que significa que establece conexiones con numerosas otras regiones cerebrales. Su nombre deriva de su ubicación anatómica, situándose inmediatamente detrás del esplenio del cuerpo calloso en los primates, aunque en los roedores se encuentra más hacia la superficie cerebral y es proporcionalmente más grande.
Aunque su función exacta no se comprende totalmente, su proximidad a las áreas visuales y al sistema de memoria espacial del hipocampo sugiere que desempeña un papel fundamental en la mediación entre las funciones perceptivas y las de memoria, especialmente en el dominio espacial.
Anatomía y Estructura
El tamaño de la corteza retrosplenial varía significativamente entre especies. En los seres humanos, representa aproximadamente el 0,3% de la superficie cortical total, mientras que en los conejos es de al menos el 10% y en las ratas puede extenderse por más de la mitad del cerebro en el eje dorso-ventral, siendo una de las regiones corticales más extensas.
Desde el punto de vista de su estructura celular microscópica, se divide en dos regiones principales:
- Región disgranular (área 30): Caracterizada por una menor densidad de células granulares.
- Región granular (área 29): Caracterizada por una mayor densidad de células granulares.
Estas, a su vez, se subdividen en cuatro áreas: 29l, 29m, 30l y 30m. La CRS posee proyecciones recíprocas densas con la corteza visual, el postsubículo (también conocido como presubículo dorsal), los núcleos talámicos anteriores y el hipocampo.

Neurofisiología
La mayor parte de los estudios neurofisiológicos se han realizado en ratas. Investigaciones tempranas revelaron que aproximadamente el 8,5% de las neuronas de la CRS son células de dirección de la cabeza, mientras que otras neuronas se correlacionan con parámetros de movimiento como la ubicación espacial y la velocidad de carrera.
Estudios recientes indican que la actividad neuronal de la CRS refleja múltiples parámetros simultáneamente: el entorno actual del animal, su posición espacial, la dirección de la cabeza, la velocidad y si el animal está girando o planea girar. Dado que estas características se desarrollan lentamente a medida que el animal aprende a navegar, se cree que la CRS participa en el almacenamiento a largo plazo de la memoria espacial.
Funciones Cognitivas
En humanos, los estudios de resonancia magnética funcional (fMRI) vinculan la corteza retrosplenial con diversas funciones cognitivas, tales como:
- Memoria episódica: Recuperación de recuerdos personales.
- Navegación: Capacidad de orientarse en el espacio.
- Imaginación de eventos futuros: Proyección mental de situaciones próximas.
- Procesamiento de escenas: Análisis general de entornos visuales.
Se sugiere que la CRS actúa como un traductor entre la información espacial egocéntrica (centrada en el sujeto) y la alocéntrica (centrada en el mundo), gracias a su ubicación entre el hipocampo (representaciones alocéntricas) y el lóbulo parietal (integración sensorial egocéntrica).
Un dato fascinante es que los competidores del Campeonato Mundial de Memoria muestran una mayor activación en la CRS que los controles normales al realizar hazañas memorísticas, probablemente debido al uso del método de loci, una estrategia de aprendizaje espacial.
Patología y Trastornos
El daño en la corteza retrosplenial puede provocar tanto amnesia anterógrada como retrógrada. Además, las personas con lesiones en esta área presentan una desorientación topográfica, donde pueden reconocer hitos ambientales pero son incapaces de utilizarlos para orientarse.
La CRS es una de las primeras regiones en sufrir cambios patológicos en la enfermedad de Alzheimer y en su fase prodrómica de deterioro cognitivo leve. Asimismo, hallazgos experimentales sugieren que la capa 5 de la CRS podría ser responsable de los estados disociativos de conciencia en los mamíferos.

